domingo, 17 de diciembre de 2017

EL “MONOTEMA”, LA TÉCNICA DEL POLITICISMO



Recurro a la definición de politicismo que hiciera Félix Rodrigo en uno de sus textos, el titulado “Negatividad del politicismo”: “por politicismo se entiende la creencia en que todos los problemas de la sociedad y del ser humano tienen solución y se resuelven con la política. Bajo el actual régimen partitocrático, el monodiscurso politicista se hace aún más reduccionista, al manifestarse como irracional fe subjetiva en que votando a tal o cual partido, formación o coalición se realiza el bien del cuerpo social”.

Se ha hecho popular el adjetivar como “monotema” la cuestión catalana, su sóla mención pone de los nervios a la mayoría de las personas. El efecto de su abuso por los medios de comunicación de masas no es inocente, consigue la banalización de la política, esa posición aparentemente contraria que es el apoliticismo, del que muchas personas hacen gala, como manifestación de su “hartura de lo político”, que se concreta en ignorar, “pasar de la política”, lo que conlleva una actitud pasiva y acrítica, que a los politicistas, mayoritariamente progresistas, les pone también de los nervios, porque identifican esta postura con el conservadurismo de derechas.
Por eso, ellos entienden que “todas las personas” que se dicen apolíticas son de derechas y, en definitiva, son sus enemigos políticos, aunque quienes así se manifiesten sean personas de las clases populares. Incluso se llega a decir que “no hay cosa más idiota que un obrero de derechas”.

sábado, 2 de diciembre de 2017

6 DE DICIEMBRE, FUN, FUN, FUN


La celebración constitucionalista de cada 6 de diciembre es un “happening” propagandístico más, uno de los más importantes para el regimen del 78, heredero del franquismo y, a la larga, heredero de todos los regímenes parlamentarios y totalitarios que se vienen sucediendo a partir de la constitución liberal de 1812, con la que en España se produce la consolidación estratégica y estructural de la alianza estatal-capitalista. 

Aún así, a pocos interesa, si hacemos excepción de los profesionales de la cosa, junto con sus familiares, colegas de puertas giratoria, su clientela más fiel y, por supuesto, la masa de  curiosos y despistados que hoy han hecho cola para ver los agujeros de Tejero, el ínclito madero, en la techumbre de las Cortes.  
  

Esta es oportunidad para renovar la denuncia del actual sistema político en su totalidad. No para desacreditarlo, que para eso no necesita ayuda y que sería un ejercicio de mero criticismo negativo, tan al uso, sino para ir abriendo camino a la revolución integral necesaria, como tarea constructiva, superadora del criticismo simplón, agotado en sí mismo, y que sólo sirve al sistema dominante al prescindir de toda propuesta realmente alternativa y transformadora,  contribuyendo eficazmente a generalizar la desesperanza de la mayoría social y, con ella, su pasividad y sometimiento al sistema imperante, que así es visto por esa mayoría como “lo único posible”, sólo objeto de mínimas reformas que “lo mejoren”, aunque sólo sea en apariencia. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

DEMOCRACIAS LOW COST



Cuando decimos democracia, según quien lo diga, nos estamos refiriendo a dos cosas bien distintas: a un ideal igualitario de organización política de la convivencia o, lo que es más frecuente, a su práctica real y dominante en el tiempo presente.

En sentido estricto, democracia sería gobierno del pueblo -demos/pueblo y cracia/gobierno-, no sería sólo voto (lo que realmente es hoy) que, en todo caso y como mucho, sólo sería un mero instrumento, un medio, nunca un fin en sí mismo.
No podemos seguir llamando democracia a lo que no es tal cosa, la democracia sólo puede darse en condiciones de comunidad, donde todos los participantes comparten en igualdad aquellos bienes que les son comunes. La democracia, así, sólo puede darse en comunidades pequeñas, nunca entre gentes que no se conocen ni comparten nada. La democracia que hoy tenemos es estatal y de masas; y, por tanto, en sentido estricto, ni es ni debería ser llamada democracia. Definitivamente, la democracia-democracia es incompatible con la noción de pueblo-masa, propia de la organización estatal de la sociedad.

Desde hace mucho, las izquierdas todas andan locas con este asunto. Han aceptado la democracia estatal de masas, se han integrado en ella hasta considerarse a sí mismas más demócratas que los liberales inventores de la cosa. Piensan a la contra de sus principios originales, creen que el pueblo es un sujeto político ausente y que su misión histórica es conseguir el poder del Estado para beneficio de ese sujeto. De acuerdo con los liberales, confunden masa y pueblo, Estado y Comunidad, en un revoltijo sin solución. Piensan que la víctima de la democracia de las derechas es la masa, a la que ellos consideran como pueblo en su imaginaria democracia de izquierdas, todavía no se han enterado que el éxito de la democracia liberal se fundamenta en la anulación del individuo, ese al que los liberales dicen defender, ese individuo libre e igual hoy desaparecido a manos de la democracia liberal de izquierdas y derechas, ese individuo sin el que el pueblo-masa no es, ni puede ser, sino antítesis de comunidad y ésta, metáfora inútil de una democracia imposible.

Vivimos en democracias de consumo, de usar y tirar, democracias baratas, low cost. Consumir, votar y se acabó. Ya deliberan los tertulianos hasta la extenuación, ya nos evitan el trabajo de pensar por nosotros mismos, ya producen la opinión pública ellos, los mass media. Ya gobierna la clase política, ya crea riqueza y empleo la clase empresarial y bancaria, ya gestionan los funcionarios a sus órdenes, ya somos plenamente liberados e irresponsables todos los demás, excepto si las cosas van mal, que la culpa es nuestra, por fiarnos, por haberles votado.

Por el marketing sabemos que el consumo de las masas funciona por mecanismo de emulación: los marginados emulan a las clases medias y éstas a las clases altas, a los famosos, a los artistas y demás figurantes. El arte del marketing consiste en crear necesidades donde no las hay, en generar la envidia de las mayorías precarías por las minorías pudientes. Le llaman emulación a la envidia de siempre. Pero la economía capitalista no puede producir mercancías de calidad para todos, la mayoría no podría comprarlas, por eso su marketing segmenta los mercados, discrimina muy bien a la clientela consumidora, produciendo buenas mercancías con altos precios y mercancías sucedáneas, malas y baratas, pero asequibles para el bolsillo de las masas...vuelos baratos, temporadas de rebajas, tiendas outlet, bazares de la China comunista, comercio online...democracias de consumo, viernes negro, blackfriday.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

ROMPER EL ESTADO QUE ROMPE LOS PUEBLOS


Lo llaman España cuando a lo que se refieren es a un Estado. Porque España no es una institución sino un territorio, habitado por un conglomerado de pueblos que, junto con el portugués, cohabitan una de las penínsulas del continente europeo, la ibérica. 

Lo que llaman España no es otra cosa que una parte artificial (un Estado) de esa península, que separa artificialmente a  pueblos mediante artificiales fronteras, trazadas por Decreto y casi siempre dibujadas con sangre de muchos miles de muertos, históricos y concretos, anónima gente de pueblo con sus nombres y apellidos, amontanados y olvidados en las lindes de la “gloriosa” historia del Estado español.

Son fronteras cartográficas y por tanto irreales, inexistentes en la geografía real que habitan los pueblos, las gentes que entre sí se llaman "paisanos" y no “nacionales”. Paisanos que se reconocen en la geografía de un “país”, de un territorio compartido, en la proximidad de los recursos naturales que sustentan sus vidas, en el paisaje físico y social compartido (que podrían compartir), en el que conviven (en el que podrían convivir) con sus iguales...si no fuera por el Estado.

lunes, 6 de noviembre de 2017

EL MITO DE LA SEPARACIÓN DE PODERES: CAPITALISMO Y ESTADO





El mito de la separación de poderes: Capital y Estado


 
Estos días oigo decir con mucha frecuencia que la separación de poderes caracteriza y es propia de las “democracias”...¡qué risa!, como si el poder político no fuera siamés inseparable del poder económico, como si la clase política (toda ella estatal y palaciega) no fuera esa disciplinada ama de llaves del capitalismo, así en el cielo como en la tierra, en la América Macarra (*) como en la China Comunista.

Lo de Cataluña no tiene arreglo en este sistema. Es una ruptura matrimonial que se quiere dirimir en los juzgados o en las urnas, cuando lo que desea cada uno de los conyuges es vencer al otro, machacarle o al menos darle unas hostias bien merecidas. No es desafección, es puro desamor abocado al odio. Es lo que sucede cuando ambos polos son del mismo signo, estatal-capitalista, y no me vengan con ese cuento que diferencia monarquías y repúblicas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

DE LOS BIENES COMUNES A LOS BIENES COMUNALES




DE LOS BIENES COMUNES A LOS BIENES COMUNALES
Parte 1. El común y la comunidad 
David Algarra. Autor del libro «El común catalán. La historia de los que no salen
a la historia »

Como ya sabéis la FESC de este año está dedicada a las nociones de lo que es
común, con cuatro ejes principales: la comunidad, el procomún, la relación con
las instituciones y lo público. En un momento de la historia en que el
economicismo impera en la sociedad nos hemos decantado por el primer eje: la
comunidad, la que debería ser un fin en sí mismo y no un instrumento al
servicio del dinero y del poder como es actualmente. Precisamente, si algo no
encaja en la teoría del progreso, es la decadencia de la comunidad, pues con el
desarrollo de la economía de mercado y del Estado-nación se hace cada vez
más evidente la progresiva destrucción del tejido social, sustituido por el
individualismo y los vínculos verticales con el Estado y las corporaciones.

Por tanto, el resurgimiento de los bienes comunes como cuestión económica
no puede separarse del aspecto demótico (la asamblea popular) -demòtic en
el sentido de lo que es propio del pueblo (demos o populus), a diferencia de la
política, lo que es propio del estado (el ordenamiento de la polis que era una
ciudad-estado) - así como de la cosmovisión comunitaria apropiada. No
podemos limitarnos a pensar los bienes comunes sin comunidad, como una
forma meramente económica que no tiene en cuenta el desarrollo de una
sociedad y un ser humano sustancialmente diferentes de los actuales, que
supere las dinámicas Estado-mercado capitalista.

Hoy hablaremos de comunidades reales, en lugar de las comunidades
imaginadas, concepto acuñado por Benedict Anderson para hacer referencia a
las comunidades construidas desde arriba, induciendo una conciencia de grupo
-por ejemplo una conciencia nacional cuando la comunidad imaginada es una
Nación-, en la que sus miembros no se conocen entre sí, con fines políticos y
económicos. Mientras que en una comunidad real sus miembros se conocen y
cooperan entre ellos, por lo tanto tienen numerosos vínculos horizontales.

La comunidad real es incompatible con un modelo de sociedad que promueve
la competencia, la lucha de todos contra todos, y la búsqueda de beneficios
monetarios, el egoísmo, la avaricia o la codicia. El eje del procomún de hecho
se retroalimenta con el eje de la comunidad, si entendemos procomún como
un modelo de gobierno desde abajo por el bien común, pero no es tan
evidente que sea posible esta retroalimentación con los otros dos ejes, ya que
además relaciones verticales con las instituciones estatales menos comunidad
y lo público se puede entender como aquello que pertenece al Estado (bienes
de dominio público-estatal o demaniales), en los que la comunidad no decide
sobre su gestión y normas de aprovechamiento. Una economía que no tiene
como fin crear comunidad no es una economía social.

Estas comunidades reales, sociedades sin Estado o con un proto-Estado o
Estado débil, han existido a lo largo del tiempo en todo el mundo y en la
actualidad todavía hay millones de personas que viven en sociedades de estas
características. Aquí, en Cataluña, tenemos los ejemplos del modelo comunal,
desde la Edad Media que incluso perduró en el siglo XX en algunos lugares -al
menos parcialmente-, así como tenemos toda la historia del movimiento
obrero revolucionario, del cooperativismo catalán y de las pequeñas
colectivizaciones de la Revolución social, que en muchos sentidos no hubieran
prosperado sin un verdadero sentido de comunidad. Si concretamos en el
modelo comunal catalán, que es lo que yo he estudiado durante los últimos
años, veremos una serie de características que son más o menos comparables
con otras comunidades reales.

El común catalán se podría sintetizar en la elegida de la comunidad. En la
unión de los tres ejes, el eje demótico-jurídico, el eje económico y el eje social-
cultural, encontramos a la comunidad.
La palabra común o comunes no hace sólo referencia al aspecto económico
(bienes y prácticas comunales) o al aspecto demótico (común, universidad,
común ...), sino que originariamente es la comunidad o el común de vecinos.
Tenemos otro término equivalente que es la universitas, que es la totalidad de
habitantes de un lugar, pero no como una mera suma de individuos, sino que
lo que caracteriza a la universitas son las abundantes relaciones horizontales
que existían entre ellos. Más tarde, en la Baja Edad Media, la universidad será
en muchos lugares de Cataluña también el nombre del ente demótico de
autogobierno, al igual que El Común continúa siéndolo en Andorra pero ya en
la forma de ayuntamiento constitucional. Pero lo que hay que remarcar es el
hecho de que inicialmente el común de vecinos o la universitas era la
«totalidad, la comunidad de los habitantes de un lugar, haya o no establecido
al mismo unos órganos o régimen de gobierno» (JM fuente y Ríos, 1985).

Además, estas dimensiones demótica, económica y social-cultural o de valores
no se deben ver como compartimentos estancos, es decir con una visión
parcelaria, fragmentada o cartesiana de la realidad. No es casual que lleguen
los cierres de tierras cuando el cartesianismo ya se había instalado en el
pensamiento de un sector de la sociedad. Por ejemplo, para las clases
populares era un oxímoron pensar en términos de vida laboral y vida personal,
no se había introducido el concepto de horario fijo de las fábricas de la
revolución industrial y cualquiera podía ejercer en diferentes momentos del día
diversas actividades destinadas la subsistencia de su familia a la vez que, por
ejemplo, educaba a sus hijos o se relacionaba con los vecinos. Pero, además,
los comportamientos económicos de estas sociedades preindustriales en el
ámbito local no se correspondían con los criterios de racionalidad instrumental
del libre mercado o de la razón de Estado, sino que estaban sustentados en
normas morales y culturales para garantizar las necesidades básicas de la
comunidad. Es lo que E. P. Thompsom denominó economía moral de la
multitud, una economía donde se recogen todas las dimensiones.

Un aspecto que contribuía en el carácter comunitario es su tradición oral, a
diferencia de la élite que dominaba la escritura. El ser humano oral no es un
ser inferior, sino un ser que forma parte de otra cultura, que tiene otra forma
de pensamiento y una estructura de la personalidad diferente. Por ejemplo,
nosotros cuando leemos o escribimos lo hacemos solos, pero ellos
necesitaban al otro para expresarse y en buena medida para pensar. Tenían un
carácter más comunitario que se reflejaba en su sociedad, comunal.
Por lo tanto, la palabra dicha era un compromiso hacia el otro o hacia la
comunidad, tenía un carácter sagrado. Era una sociedad más basada en la
confianza y en el pacto oral que, por ejemplo, en los contratos de
compraventa escritos, apoyados por el derecho civil, que deben cumplirse para
evitar las sanciones y la coerción de un Estado.

Como explica el antropólogo David Grabber, en una economía de subsistencia,
donde todos se conocen y las desigualdades no son tan evidentes dentro de la
comunidad, existen métodos para el intercambio de recursos y servicios sin la
necesidad de moneda y con la palabra como testigo de los acuerdos tomados,
como los regalos, el trabajo comunitario, las solidaridades, la cooperación, el
apoyo mutuo (intercambio de las capacidades humanas, como el trabajo) o los
créditos sin intereses ni moneda, al contrario de lo que se piensa, que el
predominio eran las transacciones inmediatas como el trueque o el trueque,
donde son necesarios productos del mismo valor para cubrir necesidades
diferentes de dos sujetos en un mismo momento. De hecho, muchos
historiadores y arqueólogos, como Joan Santacana o Joan Sanmartí,
reconocen que la escritura, tal como la acuñación de monedas, suelen ser
elementos ligados al desarrollo del poder administrativo y del comercio entre
extraños.

Otra característica de las comunidades reales es que suelen ser comunidades
pequeñas que a veces incluso autoimponen límites de escala alrededor de un
número de miembros, que puede ser el número de Dunbar (150 individuos) u
otro, como ya hace milenios las comunidades epicúreas que se confederaban
entre pequeñas comunidades y no hace tanto los kibutz (comunitario-céntrico)
que se basaban en el desarrollo de las relaciones interpersonales y el centro
de su modelo no era crecer, producir más y dar cabida al mayor número de
personas posible, sino mantener y desarrollar las relaciones comunitarias.
Mientras que los kibutz (universalista) seguían un modelo colectivista que
quería desarrollar una mecánica de convivencia que permitiera un crecimiento
libre de escala. Otros ejemplos son las asambleas o fogatas de unos 80
miembros de Cherán K'eri (hay 189 fogatas situadas en los cuatro barrios de
Cherán) o las asambleas de las Comunes de Kurdistán sirio, compuestas por
unos 200 miembros como màximo. Algunos estudios determinan que una
comunidad de más de 150 miembros pone en riesgo la buena gestión y
cohesión de la misma para terminar dividiéndose en grupos más pequeños
(comunidades distribuidas) o creando una burocracia que la mantiene unida.

Otra cuestión, para entender a estas sociedades, también el común catalán, es
el arraigo. Si Karl Marx hablaba de la alienación del trabajador de la sociedad
capitalista, es decir la pérdida de percepción de lo que producen, Simone Weil
va más allá y habla del desarraigo, que es una alienación que desvincula al ser
humano tanto de los resultados de su actividad productiva, como de su
entorno, de sus iguales y de su historia (sus antepasados, lengua, cultura,
tradiciones ...) porque es incapaz de asimilar el mundo que le rodea.
Esto le impide desarrollar la capacidad de resistir que si tenían y tienen las
sociedades arraigadas al territorio y a sus iguales del pasado, presente y
futuro. Se incluirá dentro de este arraigo, la relación que tenían con la
naturaleza, desde una concepción más animista donde todo es sagrado
(sujetos con alma o conciencia) que no desde la concepción de las religiones
monoteístas, en la que lo sagrado está fuera del mundo y la naturaleza es un
objeto que nos es dado para poder explotar y abusar de él.

La concepción se podría resumir en la frase «No son las montañas que
pertenecen a los vecinos, si no los vecinos que pertenecen a la montaña» y
podemos encontrar manifestaciones de eso por ejemplo no hace tanto en la
comarca del Ripoll, cuando cortaban un árbol grueso para hacer el Tió (en
algunos lugares todavía una tradición comunal, como Sant Feliu de Codines) y
antes de cortarlo decían: «Tú eres el elegido para hacer de tió. Perdónanos. ».
Un aspecto determinante de aquella época era que, en el ámbito local, las
normas no eran leyes, sino usos y costumbres que surgían desde abajo y eran
aceptados por la comunidad. La costumbre es un conjunto de usos nacidos de
la tierra, que son aceptados por el común después de su uso reiterado y
prolongado, es decir se mantiene por el consenso popular. Como digo la
costumbre no es un sinónimo de ley, la medievalista Regine Pernoud lo decía
muy claro cuando contaba una anécdota, aquella que un profesor de historia
afirmaba que en la Edad Media las leyes son llamadas costumbre y Pernoud
respondía contrariada que: «no captar la diferencia que hay entre la ley,
emanada de un poder central, y por naturaleza fija y definida, y la costumbre,
conjunto de usos nacidos de la tierra y que evoluciona sin parar, es no
comprender nada de la época ».

Es importante destacar que las tradiciones y costumbres se creaban desde
abajo y algunas eran diferentes de un pueblo a otro. Pero los otros poderes
lucharon por homogeneizar estas costumbres. Por ejemplo, los obispados
enviaban visitadores episcopales para controlar y dirigir lo que se hacía en las
poblaciones y costó muchos siglos ir cambiando las costumbres locales y
nunca lo consiguieron totalmente para que las comunidades eran muy reacios
a adoptar costumbres que les eran ajenas.

Hoy día, inmersos en el Estado de derecho, vemos como una tontería que se
pongan en duda los derechos humanos, pero hablar de derechos es hablar de
ley, por cuanto los derechos siempre son otorgados por una institución que
tiene el poder. Por ejemplo el derecho a la alimentación: los seres humanos
tenemos necesidad de nutrirnos como cualquier organismo vivo, pero los
humanos somos los únicos que transformamos una necesidad vital en un
reclamo legal a ser otorgado por un poder dominante. Reivindicar el derecho a
la alimentación es ponerse en una posición de dependencia ante instituciones
que pueden conceder el derecho o no. Creemos que los derechos son
reconocidos universalmente como si fueran leyes naturales pero este
concepto es ajeno a los pueblos indígenas, incluido el común catalán, su lugar
lo ocupaba la responsabilidad hacia los demás. Por eso, como dice J. M. Font y
Rius, la costumbre es anterior al privilegio político, concedido por las
potestades. El privilegio, como una forma de derecho, era una i
zonas del control estatal y corporativo, como las ZAD s en Francia o ejemplos
más lejanos como el funcionamiento de las comunidades indígenas originarias
en el sur de México, o el modelo de los kurdos en el norte de Siria (Kurdistán
sirio) ...nmunidad que
muchas veces resultaba prescindible por los vecinos y que resultaba
estratégico para las élites, para legitimar su poder según su moral
paternalista, de hecho los derechos y privilegios eran propios de la mentalidad
romanista de la aristocracia.
 
 
Parte 2. Historia y propuestas de futuro.

Laia Vidal. Del colectivo Vallbona Apoyo Mutuo

Gracias a David que nos ha introducido históricamente la cuestión que nos
ocupa, y evidentemente a la FESC para darnos la oportunidad para
profundizar en este eje de la comunidad en el marco del común y el comunal.
Como decíamos, no podemos entender los bienes comunes sin comunidad, de
ahí partimos. Pero, como crear comunidad hoy en día, a pesar de toda la
degradación de las relaciones humanas y la desposesión material que hemos
sufrido como pueblo? La apuesta del comunal para transformar la sociedad de
una manera integral puede ser una respuesta. Para empezar debemos
aclararnos y dibujar nuevos imaginarios, si queremos salir del marco actual. El
común no puede ser simplemente un «tercer sector» entre el estado y el
mercado, que permita una coordinación más o menos exitosa entre proyectos
de un «mercado social» más humano, sino que debe implicar vínculos
comunales de solidaridad en la producción y reproducción de las relaciones
sociales. No debe ser una nueva gestión de lo público, con más participación
comunitaria, sino un proyecto de nueva sociedad.

Esta nueva sociedad se basará en el trabajo colectivo, en el valor de uso
frente al valor de cambio, en la reciprocidad y en la subsistencia frente a las
relaciones comerciales o orientadas al beneficio. Es un proyecto que pone la
sostenibilidad y plenitud de la vida en el centro (como se reivindica desde
determinados enfoques del feminismo), poniendo de relieve los valores y
prácticas que la lógica mercantil aparta del centro de la existencia (el amor,
los vínculos , la crianza, el tiempo ...) y es un proyecto también decrecentista
(sale de la lógica de la acumulación-crecimiento de los últimos dos siglos para
apostar por la subsistencia comunitaria, pero haciendo un objetivo político y
un plan de vida satisfactorio, una potencialidad, y no una imposición o una
vuelta atrás). El común no quiere ser una gestión asistencialista de la miseria
por parte de redes sociales de ayuda mutua de los marginados del sistema, lo
que le puede interesar al mismo sistema para evitar asumir los costes de ello
desde lo público-estatal, y al mismo tiempo, evitar revueltas por descontento
por falta de cobertura de necesidades básicas, sino que es un proyecto de
autogestión en el marco de una vida sencilla y frugal, una propuesta para
cambiar las dinámicas de toda la sociedad y afrontar los cambios sistémicos
que nos tocará vivir en este siglo XXI de la manera más resiliente posible,
organizándonos como comunidad.

Para desarrollar el común y la comunidad hoy en día necesitamos poner en el
centro el factor subjetivo, humano, que es el más difícil de sanar y el más
necesario para poder avanzar. El individualismo, el egocentrismo, y otros
males que la mayoría hemos aprendido a potenciar desde nuestra infancia y
socialización, generan muchas trabas a una auténtica recuperación de la
comunidad. Por lo que recuperar la comunidad requiere recuperar la persona,
una auto-transformación interior muy importante. Dejar de competir, de
compararse, de aislarse, de pensar que los problemas que tenemos sólo son
nuestros, hacer autocrítica, intentar siempre ver lo bueno que podemos
aportar y ver las virtudes y no sólo juzgar los defectos en los demás ,
aprender a amarnos de verdad.

También necesitamos que la sociedad vuelva a ser pueblo. Recuperar el común
y la comunidad requiere una transformación social de grandes implicaciones
hoy en día. Quién debe hacerla? Pensamos que la tiene que hacer el pueblo,
entendido como aquellas personas que habitan un determinado territorio
(barrio, ciudad ...) y entendido también como los de abajo, los sin poder, o con
poco poder y que tampoco pretenden tenerlo sino autogestionar su vida de
mantera horizontal con los iguales. Hay que salir del imaginario de la
delegación de la política y la gestión de la vida en manos de expertos y
representantes que supuestamente saben lo que nos conviene y nos
solucionarán los problemas. Las instituciones tienen unas dinámicas de
concentración de poder, jerarquías, estancamiento, etc. que difícilmente se
pueden transformar sin que nos transformen ellas a nosotros. Las
instituciones pueden estar más o menos a favor de unos cambios desde abajo,
pero en ningún caso pueden ser ellas quienes lideren estos cambios. Hay que
tener presente que en muchos momentos históricos, en la Edad Media por
ejemplo y en algunos momentos de la modernidad, el pueblo era pueblo, y el
poder era mas simbólico que real. Ahora el pueblo es más bien simbólico
(nación abstracta o la noción de «clases populares») mientras que el poder es
muy real. También la identificación con el poder es muy real hoy en día,
entonces el pueblo ha perdido sus referentes. Hay que reinvertir esta
situación.

Partiendo de esta base personal y colectiva nos podemos preguntar: ¿cómo
crear comunidad hoy en día y que ésta pueda ir avanzando hacia una sociedad
comunal? Es decir, cómo construir un tipo de comunidad que no sea sólo una
agrupación de individuos que viven más o menos juntos, sino que afrontan la
vida en común y que intentan transformar las dinámicas de su entorno para
que cada vez más personas puedan pasar a funcionar con una lógica diferente
a la actual, compartiendo recursos, cargas, privilegios, afectos ... más allá del
estado y el mercado, demostrando así que efectivamente, un nuevo mundo es
posible desde aquí y desde ahora .
Vamos a compartir algunas reflexiones que nos pueden ayudar a avanzar en
esta dirección.

Por un lado, sería importante salir de la idea de comunidad simplemente como
la imagen de varias personas viviendo bajo un mismo techo. Podemos
entender la comunidad más como vecindad (en su versión más amplia que
incluye relaciones de ayuda mutua, reciprocidad ..) y las relaciones bajo el
mismo techo como familias u hogares (que no tienen por qué reproducir el
modelo de familia nuclear, modelo bastante extraño históricamente). Así era
como se entendía antes la comunidad (la importancia de los primeros vecinos
frente a los familiares lejanos, la familia extensa que muchas veces también
acogía miembros que no eran de sangre, un fuerte componente
intergeneracional que transmitía actitudes y valores, la importancia de los
vínculos más basado en el amor y la proximidad y no sólo en la afinidad).
Algunas personas con las que hemos reflexionado últimamente sobre todas
estas cuestiones, en relación a sus experiencias de familia u hogar con un
fuerte componente comunitario, hablan de la importancia de compartir techo,
compartir economía, compartir mesa, compartir cuidados mutuos en todas las
etapas de la vida (crianza, vejez ...). En más o menos grados e intensidades,
estos factores podrían ser claves, aunque son discutibles, junto con los
vínculos de vecindad que hemos comentado.
 
Para crear comunidad, lo fundamental es tener algo importante que nos una
más allá de los intereses personales, como dice el I Ching, libro chino
ancestral de gran sabiduría: «No son las finalidades del yo, sino las metas de
la humanidad, lo que produce comunidad duradera entre los seres humanos ».
Compartir recursos comunes a nivel material que nos hagan depender unos de
otros en el buen sentido de la palabra -interdependència-, y a nivel más
inmaterial, una ética comunitaria, una cosmovisión apropiada, de hacia dónde
queremos tender como personas y como sociedad .
 
Frente a la actual sociedad fragmentada (los abuelos en residencias, los niños
en la escuela, los jóvenes a las instituciones educativas y los adultos al trabajo
asalariado), es fundamental recuperar vínculos intergeneracionales y
compartir ocasiones en las que estemos todos. En este sentido tenemos el
ejemplo de la Fia Falla de Bagà la noche de navidad, donde la tradición
históricamente ha sido transmitida por parte de los abuelos a los niños. Como
hoy en día los abuelos no conviven en la misma casa que los niños, la
estructura familiar está cambiando y los niños reciben el conocimiento sobre
todo a través de la escuela, que han hecho en Bagà? Inicialmente los abuelos
del Club de Jubilados San Jorge iban a la escuela para enseñar a hacer faies
los niños, pero últimamente es la niña la que va al Hogar de Ancianos y se van
con sus fías-faies ya hechas. Así pues, aunque sea adaptándonos a los tiempos
actuales, sería importante la transmisión entre generaciones de las tradiciones,
la cultura y los conocimientos ancestrales. Recuperar y mantener la historia y
las tradiciones locales.
 
También es importante recuperar espacios de trascendencia frente al vacío
existencial: que este vacío no sea aprovechado por los mercaderes de una
espiritualidad individualista, que nos lleva sólo a mirarnos el ombligo, sino que
sea una excusa para encontrarnos con los demás, con rituales,
celebraciones ... que sean significativas (esto se puede hacer recuperando
tradiciones ya existentes y también inventando otras nuevas). Algunos
ejemplos de celebraciones comunitarias ya existentes se han dado sobre todo
en los momentos del nacimiento y la muerte, los rituales de paso han sido
habituales al pasar de la juventud a la edad adulta, la celebración de los
cambios de estación es una fiesta habitual en el campo, por ejemplo. La
vivencia de estos momentos actualmente se encuentra muy mediatizada por
empresas (funerarias, por ejemplo), o por instituciones médicas (en el caso de
los nacimientos ..) y es fundamental ir recuperando el control personal y
comunitario.
 
Partir de una posición y actitud de arraigo. Energía-amor-inteligencia (hacerlo
estimarse conocer) puestos al servicio de la naturaleza (conciencia de
conservación de la naturaleza) y la comunidad (conciencia de grupo), del mundo
que te rodea, teniendo en cuenta los ancestros ( historia, tradición y cultura
propia) y las generaciones futuras (solidaridad con los que están por nacer). Con
palabras de Simone Weil: un ser humano tiene una raíz en virtud de su
participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que
conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro.
En momentos como el actual en el que se habla mucho de la identidad propia, del
nuevo país, etc. pienso que es fundamental pensar en términos de arraigo, ya que
es una manera de aterrizar muchos sentimientos y pretensiones con que nos
encontramos para que tengan unas implicaciones reales, para clarificar
compromisos y ampliar miras.
 
En un sentido más general, para avanzar hacia una sociedad comunal, sería
imprescindible ir definiendo y compartiendo poco a poco un proyecto de
cambio, una visión común (análisis, propuesta y estrategia) que nos pueda
ayudar a superar el sistema actual. Este proyecto debería saber hermanar
muchas luchas ahora parciales y «reformistas» (entendiendo reformistas las
que no cuestionan la esencia de los problemas sino que pretenden encontrar
soluciones en el mismo marco actual simplemente mejorándolo) y darles una
salida en términos de una estrategia en la que mientras se palien los malos
urgentes está avanzando para que cambien las cuestiones esenciales. Entre
otras cosas este proyecto debería poner sobre la mesa la unión inseparable
entre el capitalismo y el estado, tener un discurso propio y no copiar el de la
izquierda que de forma mayoritaria hoy en día sigue defendiendo como
modelo ideal un estado que nos defienda del Capitalismo. También debería
saber mantener una coherencia entre medios y fines, tener claro que la lucha
institucional no puede ser de ninguna manera la vía principal, ya que
representa muchas incoherencias y tiene muchos peligros de asimilación, como
decíamos. Tener presente y trabajar paralelamente la unión necesaria entre
revolución social y revolución personal y de valores, ya que el cambio que
necesitamos es a todos los niveles, debe ser integral.
 
A nivel concreto las propuestas que hacemos no son tan nuevas, porque
beben de numerosos referentes históricos y porque hoy en día ya hay muchas
personas que están trabajando en la dirección de la recuperación de la historia
y las prácticas comunales. Para ello hay que tejer alianzas con todo el mundo
que aporte su granito de arena y que esté en una línea similar.
Así, tanto en el campo como en la ciudad hay posibilidades de recuperar el
valor de uso frente al valor de cambio, de tratar de desmercantilizar en la
medida de lo posible los recursos básicos, de recuperar espacios para la
gestión vecinal, de autogestión de los servicios estatales ... (pensamos en una
nueva gestión del agua, en la recuperación de edificios y fábricas, la
recuperación del espacio público para usos populares ... en la ciudad
ciertamente hay muchos impedimentos pero también hay potencialidades (por
ejemplo en algunos barrios de Atenas desde la crisis se han dado ejemplos de
auto-organización y autogestión popular fuerza admirables, un caso sería en
el ámbito de la salud).
 
A nivel legal es necesario que vamos estudiando qué realidad legal hay en
Cataluña sobre los bienes comunales y municipales y ver cómo se podrían
comunalizar efectivamente. En Cataluña hay zonas con mucho comunal
histórico, que si no fuera por la existencia de gente que lucha por recuperarlo,
se podría perder fácilmente (a través de privatizaciones, ventas, etc.) Un
ejemplo es el pleito del pueblo de Vilanova de Meià (la Noguera) contra un
vecino por apropiarse de un terreno comunal para poner un molino privado,
con la connivencia del ayuntamiento. El ayuntamiento quiere segregar esta
parte del comunal y hacer la venta al vecino y por eso algunos vecinos han
hecho un recurso contra el ayuntamiento. Aquí vemos lo importante, por un
lado, conocer y aprovechar las posibilidades legales, a la vez que tener mínima
fuerza humana y consciente a nivel local que pueda dar sentido a estas luchas
(recordemos que los bienes comunes no pueden ser comunales si la
comunidad humana que les debe dar uso no existe).
 
Sería fundamental que los servicios y bienes municipales pasaran a mano
común (como están intentando por ejemplo algunos compañeros en Galicia
recuperando las «Comunidades de Montes Vecinales en Mano Común», que es
un régimen de propiedad vecinal reconocido en todo el Estado español, todo y
que la Generalitat aún no la ha aplicado nunca. En Galicia los montes vecinales
no fueron vendidos durante la desamortización, precisamente por ser de
aprovechamiento del común de los vecinos desde tiempo inmemorial. En
muchos otros lugares del Estado los bienes comunales se "municipalizan" con
la creación de los Ayuntamientos y en otros casos se han privatizado a través
de cuotas de socios.
Así, los ayuntamientos se han erigido como suplentes del pueblo a nivel local,
con el adjetivo «municipal» como término legitimador. Pero estos pierden
fuerza con las nuevas leyes de ordenación territorial, algunos desaparecen ...
esta puede ser una buena ocasión para reivindicar que sean las propias
comunidades vecinales las que, directamente, gestionen los recursos comunes,
y para reconstituir estas comunidades humanas en caso de que no existan, por
lo que las reflexiones anteriores pueden ser útiles.
 
En el ámbito económico podríamos ir avanzando hacia un cooperativismo
social en el que la comunidad sea camino y destino. Una propuesta en este
sentido serían las cooperativas ciudadanas (no enfocadas al mercado en
general, sino a satisfacer necesidades locales, fomentando al máximo el
vínculo entre las personas participantes y que permitan desarrollar un trabajo
que no esté fragmentado de las otras facetas de la vida, como comentábamos
anteriormente). El modelo que propone el proyecto de la Democracia Inclusiva
puede ser inspirador ya que inserta las cooperativas en el marco de asambleas
populares que son las que deciden los objetivos que estas deben alcanzar,
basándose en las necesidades sociales locales. Así, en las cooperativas no se
trata sólo de que la gestión sea democrática o que tengamos un sello de
responsabilidad social corporativa, sino que hay que salimos de la lógica
mercantil para insertarnos en una lógica pro-comunal y comunitaria. Que
estas, junto con otras prácticas que satisfacen necesidades más allá de la
producción, formen el brazo económico de un movimiento que ponga cada vez
más personas, bienes y trabajo fuera de las dinámicas del Estado y el
Capitalismo, con una visión de transición a largo plazo hacia un nuevo modelo
social. Esto se puede ir haciendo por vías legales, reivindicativas, de acción
directa ... pero con una mirada común de recuperar lo que es nuestro y tomar
responsabilidad.

Por último, todas estas propuestas beben de inspiraciones muy actuales que
nos dan fuerza y de las que podemos aprender mucho, desde las más cercanas
a pequeña escala, hasta ejemplos europeos como la lucha para liberar algunas
zonas del control estatal y corporativo, como las ZAD s en Francia o ejemplos
más lejanos como el funcionamiento de las comunidades indígenas originarias
en el sur de México, o el modelo de los kurdos en el norte de Siria (Kurdistán
sirio) ...

viernes, 20 de octubre de 2017

NO DEBERÍAMOS LLAMAR ANTROPOCENO AL CAPITALOCENO



De una noticia periodística:
 Los condenados a muerte pueden decidir libremente si quieren que les sirvan las alubias dulces o ácidas en su última comida” 

 NO DEBERÍAMOS LLAMAR ANTROPOCENO  AL CAPITALOCENO 
El concepto Antropoceno es relativamente reciente, lo propuso en 2000 Paul Crutzen, premio Nobel de Química, como periodo de la historia geológica de la Tierra que sucede al Holoceno (segunda y última época de la era Cuaternaria o neozoica). Antes, en el siglo XIX, un término similar -Antropozoico- fue usado por Antonio Stoppani como nueva era geológica caracterizada por los efectos de la actividad humana. 
El Antropoceno no deja de ser un término metafórico e informal, al que se recurre para referirse al cambio medioambiental que afecta a los ecosistemas terrestres. Para que sea considerado científicamente habrá de confirmarse su plasmación en la escala geológica temporal y global, ser aprobado por la Comisión Internacional de Estratigrafía y ratificado por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas en un Congreso Geológico Mundial. Eso tardará un tiempo, pero de quedarse con la denominación de Antropoceno será un gran error, científico y ético, de enorme trascendencia. No se puede llamar Antropoceno al Capitaloceno.

viernes, 13 de octubre de 2017

EL ESTADO DE DERECHO, EN DEMENCIA SENIL



La democracia del Estado español es teóricamente plural, institucionalmente bipartita y facticamente un monopolio, porque el poder-poder es de las oligarquías financieras que, en primera instancia, tienen en las instituciones del Estado su brazo político-legal y en las fuerzas armadas su brazo resolutivo de última instancia.

El estatismo españolista se parte la cabeza dándole vueltas a si el estatismo catalanista ha declarado o no la independencia. Por ahora, tiene ventaja el estatismo catalanista, en esencia tan nefasto como el españolista, pero tengo que reconocerle como mucho más pacífico, inteligente y astuto que éste. Es precisamente su ambigüedad la que, de momento, está neutralizando el ansia de violencia del españolismo tradicionalista, que siendo genéticamente igual de totalitario, es menos instruido y  más cuartelero. Por eso prefiero que este pulso lo gane Puigdemont, sólo para que no haya muertos, no por otra cosa. Me interesa el empate, porque ahora la única victoria posible es la de la facción que tiene de su lado a la mayor fuerza bruta.

La pregunta de Rajoy es tan retórica como espero sea la respuesta de Puigdemnont. La diferencia es que la pregunta de Rajoy encierra, además, un defecto de provocación y prevaricación, porque la hace a sabiendas de cuál es la respuesta. La República Catalana ha sido políticamente declarada, no cabe duda, de igual modo que legalmente es pura ficción. Es lo mismo que sucede con la República del anuncio de IKEA, que ha sido declarada, que no tiene validez legal, pero cuya publicitaria existencia  es innegable.

lunes, 9 de octubre de 2017

¡LA VÍA ESLOVENA, IDIOTAS!



El eurodiputado del PdeCAT Ramón Tremosa espera que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, aplique este martes los resultados del referéndum del 1 de octubre y proclame la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), aunque, luego, podría suspenderla durante un tiempo, siguiendo el modelo de Eslovenia, en busca del reconocimiento internacional en caso de que el Estado español no acceda a celebrar una consulta independentista acordada.

 
Lo que está en juego estos días no es ni la independencia de la nación catalana ni la soberanía del pueblo español, ya que ambas son inexistentes además de imposibles en el contexto actual.
La independencia de la nación catalana ni existe ni puede existir porque se sustenta en la creación de un Estado, cuando independencia y estado son conceptos contradictorios y excluyentes entre sí. Ni los individuos ni las naciones pueden ser independientes en el marco de ningún Estado, porque impedir la independencia es, precisamente, la razón de ser de todo Estado.
Y la soberanía del pueblo español es otro tanto, pura fantasía, porque todo el mundo sabe muy bien quién manda aquí realmente, que la soberanía de todos los individuos y pueblos se halla secuestrada desde hace siglos y que actualmente está en manos de corporaciones financieras (capitalismo de mercado o de estado) y corporaciones estatales (Unión Europea y USA en nuestro caso).

Luego, hoy “el tema”  no es la independencia ni la soberanía de nadie. Lo será si algún día individuos y naciones somos capaces de organizar nuestras vidas libre y democráticamente, lo que sólo será posible con la disolución de las estructuras económicas y políticas, Capitalismo y Estado, que nacieron para impedirlo.

Tal y como se han ido sucediendo los acontecimientos a partir del 1-O, “el tema” en cuestión hoy, a unas horas de la declaración de independencia por el Gobierno de la Generalitat, es violencia o no violencia.

domingo, 8 de octubre de 2017

¿SON LOS RICOS MÁS LISTOS QUE LOS POBRES?




Si el pensamiento mayoritario se fundamentara en principios de empatía y justicia, lo más probable que sucediera sería un mundo en paz y democracia. Pero si lo que realmente sucede se fundamenta en principios contrarios, de egoísmo e insolidaridad social, lo que acaba sucediendo, seguro, es un mundo en permanente estado de guerra y dominación (elitocracia)...luego, ¿es el pensamiento lo que antecede y determina lo que sucede, o es al revés?

1
Si, como se dice, siempre ha habido ricos y pobres; si los ricos, siendo minoría siempre han dominado a la mayoría -que son pobres-, todo parece indicar que sí, que los ricos son más listos, además de más fuertes. Pero tiene que haber una razón para que ésto sea así, cuando sabemos que la inteligencia es una capacidad innata, a no ser que su transmisión, como la propiedad, sea por vía hereditaria y al margen de la genética.

2
Los pobres compiten en las urnas o se matan en los campos de batalla, mientras los ricos nunca mueren en las guerras y compiten sólo en los mercados. Esto es “lo que sucede” realmente y a las pruebas me remito.

3
Sin duda, todas las evidencias favorecen la teoría de que los ricos, si no más inteligentes, sí son mucho, mucho más “listos” que los pobres. Por eso ganan casi siempre y es lo que puede explicar por qué la mayoría de los pobres acaban emulando y asimilando el pensamiento de los ricos; mientras sean pobres, siempre dirán que no quieren “ser” como los ricos, aunque “vivir” como ellos sea la máxima finalidad de sus vidas.

4
¿Y si la lucha de clases -el “motor de la historia” que dijera Carlos Marx- hubiera dejado de estar motivada por ideas de justicia y ya sólo se sostiene por sentimientos de envidia?, ¿acaso es que ha habido un momento en la historia humana a partir del cual la idea de Consumo se haya puesto por delante y por encima de la idea de Justicia?, ¿y si así fuera, tienen alguna responsabilidad en ésto los partidos y sindicatos que se hicieron con el control del hoy domesticado movimiento obrero?

5.
Yo creo que lo que acaba sucediendo es lo que imponen los ricos (por la fuerza bruta en origen y después por la costumbre y el adoctrinamiento del Estado). Es un procedimiento tan inteligente como perverso, muy listo, que por las buenas recurre a medios blandos (democracias estatales), pero que tiene en reserva medios más contundentes cuando le hace falta (estados policiales). Son tan listos y poderosos que han logrado implantar su pensamiento en nuestro cerebro, con olvido de todo principio ético y moral, hasta llegar a controlar absolutamente nuestras vidas.

6.
Por eso, el pensamiento libre, pacífico y democrático no puede suceder y, por ahora, sólo puede ser soñado.

DERECHO A DECIDIR: ¿ELITOCRACIA O DEMOCRACIA?





Lo que sucede en el presente condiciona el futuro, que, como todo lo desconocido, siempre será incierto.

Es falso y tramposo un derecho a decidir planteado como elección entre capitalismo (global) y capitalismo (local), entre Estado (monárquico) y Estado (republicano). Es un dilema tan falso como el planteado entre izquierda y derecha, facciones del mismo sistema único y legal.

Si existiera el derecho a decidir, si fuéramos realmente libres, podríamos elegir entre Elitocracia o Democracia, pero eso está muy lejos de ser posible mientras no exista verdadera libertad de conciencia y el derecho a decidir sea ilegal.

Nada sustantivo ha cambiado, ni puede cambiar, en estos convulsos días. La elitocracia (excluyente) gana y la democracia (incluyente) pierde. El derecho a decidir sigue siendo tan subversivo como siempre.

LA OBVIEDAD, LEY DE LEYES




Mundiales, europeos, españoles y catalanes, vecinos y clientes todos: hoy deberíamos estar tranquilos y agradecidos a Caixa Bank y al Banco de Sabadell, que nos están señalando el buen camino.
Todo cuanto existe está en el presente, lo que sucedió en el pasado no existe, lo que pueda suceder en el futuro no existe, sólo existe lo que es. Y lo que es sólo puede ser hoy, ni ayer ni mañana. Si Todo es presente, si éste es mercado y sólo puede ser mercado y si Todo es y sólo puede ser Dios, acabamos de dar con la sagrada y única ley de leyes, la de la suprema ley de la obviedad: el Mercado es Dios.

Y habiendo quedado al descubierto lo obvio, lo que siempre hemos tenido delante de nuestras narices, la verdadera identidad de Dios, ¿a qué viene darle más vueltas?

miércoles, 4 de octubre de 2017

EL REY DE ESPAÑA LO HA DEJADO BIEN CLARO


       Las fuerzas del orden desalojan a los indignados de la plaza de Catalunya, el pasado 27 de mayo.

Como de costumbre, sólo podemos esperar el triunfo de la Razón, que -como bien sabéis- es propiedad del Estado...y la propiedad es sagrada.

 Ayer, el rey dejó bien claro qué es España y quién es él. Al rey de España, como es perfectamente comprensible, no podemos exigirle que piense antes de hablar, porque su misión consiste en leer lo que le escriben. No se le puede pedir otra cosa, porque él es un mandado fiel, un asalariado más al servicio de España, o sea, del Estado. Por fin, el ser de España, tan cuestionado a lo largo de muchos siglos, ayer quedó aclarado por boca del rey, que no dejó espacio para una duda que ya sólo cabe en la cabeza de la gente desinformada que no ve los telediarios de Tve. España ni es, ni puede ser, otra cosa que un Estado; y el Estado (como todo el mundo pudo comprobar el pasado 1-O) tiene siempre la Razón de su parte. Y por eso, como la Banca, siempre gana, no es para menos, siendo España Una, Grande y Libre.

lunes, 2 de octubre de 2017

MALOS DIAGNÓSTICOS CONDUCEN A PEORES CONSECUENCIAS



¿Que es lo que diferencia la presente crisis respecto a las precedentes?

"El capitalismo no es un eterno círculo sino un proceso histórico. Cada gran crisis acontece en un determinado nivel de acumulación y de productividad superiores a los de la crisis anterior" ... "Las crisis anteriores se superaron porque el capitalismo no había alcanzado todavía su máxima expansión. Un espacio interior quedaba aún disponible para el desarrollo del sistema" ... "Sin embargo, tras la 3ª revolución industrial, al capitalismo ya no le queda espacio para una nueva fase real de acumulación" (De una entrevista a Robert Kurz, el 2 de septiembre de 2012)


MALOS DIAGNÓSTICOS CONDUCEN A PEORES CONSECUENCIAS

Hace un mal diagnóstico de la realidad quien ve la actual crisis del Estado separada de la crisis del Capitalismo

En plena globalización las oligarquías han logrado concentrar todo su poder en una estructura aparentemente indestructible, organizada en dos frentes -económico y político-sólo aparentemente separados. Esta “apariencia” de separación funcionó muy bien durante las últimas crisis, gracias al camuflaje socialdemócrata (el Estado de Bienestar), pero a medida que la globalización avanza, su campo de expansión se agota, ya no hay más campo, ya no hay otro planeta ni otra gente a la que explotar para seguir acumulando capital y poder; y alcanzado ese límite, la apariencia de autonomía de lo económico y lo político ya no se sostiene. 
Desde esa lógica sólo cabe esperar una evolución posible, con una estrategia que no puede ser otra que la de una permanente crisis de Estado,  como única forma de salvar la permanente crisis del capitalismo. 

martes, 12 de septiembre de 2017

ESPAÑA, CATALUÑA Y EL TERCER ESTADO

Manifestación nacionalista contra el nacionalismo

 
«El gobierno despótico es un orden de cosas donde el superior es vil y el inferior está envilecido»
Nicolás Chamfort, seudónimo de Nicolas Sébastien-Roch (1741 -1794), moralista francés, lúcido y escéptico, elegido miembro de la Academia Francesa en 1782.


ESPAÑA, CATALUÑA Y EL TERCER ESTADO
Antes de que la modernidad pudiera configurarse como obra del Estado, las mismas élites que alumbraron la ideología estatal, llamaban “estados” a otras cosas. Distinguían tres estados: nobleza, clero y pueblo. Los dos primeros estaban integrados por aquellos individuos que no necesitaban producir nada mientras pudieran vivir del trabajo del tercer estado (el resto de individuos, dedicados a trabajar para sí mismos y para los dos estados “superiores”). Lo que caracterizaba esa división social era, fundamentalmente, la forma en que cada uno de esos estados se ganaba la vida: nobleza y clero no trabajaban, no ganaban su sustento con el trabajo, ni manual ni intelectual, eran “trabajadores” a su modo estatal (esencialmente militar y clerical e, incipientemente, comercial). Su sustento provenía de la renta de tierras expropiadas o heredadas y de los impuestos aportados bajo amenaza de violencia armada. En eso consistía la legalidad constituyente del moderno Estado burgués. Solucionada la primera parte del “sistema” con la legalización de la apropiación privada, la hacienda estatal venía a ocuparse de la segunda parte, mediante los Presupuestos del Estado con los que financiar, mediante impuestos sustraídos al Tercer Estado, las necesidades de los dos primeros estados, así como las crecientes necesidades del aparato legal, burocrático y militar necesario al funcionamiento de los nuevos estados surgidos de la revolución burguesa.

lunes, 26 de junio de 2017

LA MODERACIÓN Y LA REPRESENTACIÓN COMO ARGUCIAS

Ilustración de David Plunkert
Comprendo, defiendo y hasta procuro practicar la moderación en las relaciones personales, porque  favorece la empatía y la convivencia. Pero en el ámbito político pienso que las posiciones autodefinidas como “moderadas” no sólo son nefastas en el contexto de la política actual, sino que, además, son rotundamente amorales. No concibo otra política que la dirigida al bien común, sin que quepan argucias, como el  recurso a la moderación, queriendo justificar una moral circunstancial y acomodaticia aplicada a la vida pública, en la que  todo quepa en un mismo paquete “democrático y moderado”: el bien, el mal y todo lo contrario, todo en un espacio de centro moderado, tan falso como amoral.
Son inadmisibles las políticas  mediocres, etiquetadas de  “menos malas”. Buenas a medias o malas a medias. En ambos casos las considero malas por naturaleza y por definición, cuando a priori renuncian a la excelencia moral, a su propio perfeccionamiento. Es moralmente inadmisible cualquier política que anteponga el bien individual al bien común, sin que haya lugar para excepciones, porque esa es la ontológica  naturaleza ética y moral de la política, orientada a ser, necesaria y radicalmente social, comunitaria y democrática.  Si el mal  figura entre las opciones disponibles, ni la sociedad ni el individuo pueden concebir esa forma de libertad sino como neutra e irresponsable facultad de elegir. Tampoco es nada inocente contraponer las libertades individuales al bien común.
Considero la libertad como una facultad prepolítica y exclusivamente individual. Podremos hablar de individuos libres, pero sólo podremos hablar de sociedades libres como metáfora de su autonomía y soberanía, sólo en el sentido de sociedades autogobernadas, en asamblea de individuos libres e iguales. Sólo un individuo aislado, sometido y acosado por su instinto de supervivencia, puede plantearse la elección de bienes exclusivamente  individuales; mientras que la sociedad  no puede sucumbir a la miseria ética de ese individuo “libre”, sometido a su instinto más primario. Ese individuo aislado tiene un sentido utilitario del bien y del mal, sólo pensando socialmente puede plantearse la bondad o maldad de su conducta, aunque esa duda se preste a producir una falsa conciencia, una moral laxa y acomodaticia. Sólo en la práctica de su comportamiento en sociedad, en los hechos de la vida real, adquirimos clara conciencia de lo que está bien o mal, porque la vida humana nunca es sólo individual, siempre es social, como lo es toda forma de vida. Ningún individuo, de ninguna especie, tiene una vida que empiece y acabe en sí mismo, todas las vidas son sociales.


Por imperativo categórico, la sociedad sólo puede ser autónoma y soberana, sólo puede optar por la excelencia moral y política, sólo puede avanzar encaminada al bien común,  a corregir toda contradicción entre bien individual y bien común...por eso, desde la ética personal y desde la moral social, la política está obligada a ser siempre radical y en absoluto moderada.

sábado, 24 de junio de 2017

LA EXPROPIACION DEL TIEMPO EN EL CAPITALISMO ACTUAL





Mantengo una posición crítica respecto del marxismo en su formulación filosófica y política como materialismo histórico, lo que no me impide apreciar las valiosas aportaciones al libre pensamiento de algunos autores marxistas, como Renán Vega Cantor en el caso del ensayo dedicado a la reflexión sobre la expropiación capitalista del tiempo humano, que reproduzco a continuación.

Vega Cantor, Renán. Historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, Colombia. Doctor de la Universidad de París VIII. Diplomado de la Universidad de París I, en Historia de América Latina. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Gente muy Rebelde (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; Entre sus últimos trabajos podemos mencionar: Los economistas neoliberales, nuevos criminales de guerra: El genocidio económico y social del capitalismo contemporáneo (2010). La República Bolivariana de Venezuela le entregó en 2008 el Premio Libertador por su obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Dirige la revista CEPA (Centro Estratégico de Pensamiento Alternativo). Es integrante del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, en la que ha publicado varios de sus trabajos.



La expropiación del tiempo en el capitalismo actual
Autor: Vega Cantor, Renán. Publicado en Herramienta (http://www.herramienta.com.ar)

 
No les tengas miedo a lo sagrado y a los sentimientos, de los cuales el laicismo consumista ha privado a los hombres transformándolos en brutos y estúpidos autómatas adoradores de fetiches” (Pasolini, 1997: 24)

"Caminamos en silencio. En medio de uno de esos silencios que son la mejor forma de comunicación” (Sepúlveda, 2010: 90)

En este texto se analiza un asunto crucial de la expropiación de los bienes comunes en el mundo de hoy por parte del sistema del capital, pero sobre el cual poco se reflexiona. Nos referimos a la expropiación del tiempo de la mayor parte de los seres humanos. La exposición parte de recordar en forma breve la manera como la expropiación inicial del tiempo, cuando surge el capitalismo industrial, estaba relacionada con la conversión de campesinos y artesanos en obreros asalariados y se limitaba al ámbito fabril. Luego se consideran los rasgos generales de la expropiación del tiempo en nuestra época, recalcando el papel que desempeñan las tecnologías de la información y la comunicación. Por último, a partir de este análisis general se presenta el recuento de algunos aspectos emblemáticos de expropiación del tiempo, tal como los supermercados, la siesta, la noche, la comida rápida y la memoria y la historia.

miércoles, 21 de junio de 2017

EL DERECHO PIRENAICO, DEL PASADO, HACIA EL FUTURO





El 21 de mayo de 2016, en Agurain/Salvatierra (Álava), organizada por Nabarralde Fundacioa y Martin Ttpia, tuvo lugar la I Jornada sobre Derecho Pirenaico. Allí fueron presentadas diez ponencias, que han sido reunidas en un libro publicado recientemente en euskera y castellano.

Este es un resumen de la ponencia "El derecho consuetudinario en Navarra, de la revolución de la Alta Edad Media al Fuero General”, presentada por Felix Rodrigo Mora: 

sábado, 3 de junio de 2017

BOLETIN 51. ESPACIO DE REFLEXIÓN-REVOLUCIÓN INTEGRAL



Se ofrece traducido al castellano un artículo publicado en la web Reconstruir el Comunal y que refiere algunos fragmentos del libro "L'aprofitament dels béns comunals a Catalunya i la seva evolució jurídica , a propòsit del cas de l'estany de Banyoles", estudio llevado a cabo por el abogado Lluís Pau y Gratacós que vierte luz sobre el último periodo de los bienes comunales en Cataluña, aportando interesante información sobre cómo éstos se vieron afectados por las medidas desamortizadoras y las diferentes legislaciones del momento: "Monarquía, liberalismo y ayuntamientos contra los bienes comunales".