miércoles, 31 de agosto de 2011

1973, OTRA VEZ EL NARANJO DE BULNES


Este verano  recién pasado (junio de 2011), anduvimos por Picos de Europa y exploramos algunos rincones  nuevos. Dormimos en el alto de Panderueda y desde allí tomamos una senda que a través de  un hermoso hayedo nos colocó  en el lomo del alto valle donde se localizan las fuentes del río Cares.  Por ese lomo alcanzamos la arista del Pico  Gildar, donde yo había subido un par de veces hace la tira de años, unos treinta y cinco, quizá. Ese itinerario se puede continuar para alcanzar también la cima del vecino pico Cebollera, que preside el recuenco donde el Cares  tiene sus más altos  inicios.

Cumbres de Cebollera y  Gildar, formando la cuenca alta del río Cares
Fue  emocionante el  hallazgo que hicimos casi al comienzo del sendero. Era una lápida sobre el suelo, junto al camino y junto a la tocona  inmensa de  un roble milenario, una modesta lápida que honra la memoria de  personas  fusiladas en la guerra civil y durante la represión posterior, en el largo periodo que va de 1936 a 1975, y cuyos cuerpos se hayan en fosas comunes diseminadas por los Picos de Europa.


En la tocona del  roble milenario
Donde está una modesta lápida en memoria de los fusilados
Arista cimera del  Pico Gildar, por donde conviene  ir con mucho cuidado

Justo antes de que el tiempo empeorara, aún nos dio tiempo a recorrer el Camín Encantau, que discurre por el valle de Ardisana,  en el concejo de Llanes. Se trata de un  bonito sendero que se adentra por los paisajes rurales de dicho valle, con la sorpresa  añadida de que todo el sendero está lleno de esculturas en madera que representan a seres mitológicos de la tradición popular asturiana, que  te salen al encuentro  en los recodos del camino y en  algunos rincones umbríos del bosque. 

Una de las esculturas en madera del Camín Encantau
La mirada perdida sobre el lejano Naranjo
Pero, antes de alcanzar el valle de Ardisana, hicimos una parada en Arenas de Cabrales, para pasar una noche en el  camping que allí tiene Pedro Antonio Ortega, "El Ardilla", recordado por la historia del alpinismo español por ser uno de los cuatro escaladores que conquistaron por primera vez la mítica pared oeste del Naranjo de Bulnes en invierno. Aquello sucedió en 1973, en febrero, y yo fui testigo privilegiado de aquella gesta. 
En aquellos días se había preparado un gran revuelo en los medios de comunicación en torno a la pared oeste del Naranjo, porque tres cordadas habían coincidido en el refugio de Urriello para disputarse el honor de conquistar la más preciada cima de las montañas españolas, por su pared más difícil y en invierno. Se trataba de un hito histórico y  yo quise estar allí. Nos largamos a toda prisa mi amigo Luis F. Bartolomé y yo hacia Asturias, con la intención de ser testigos de la hazaña en sus días culminantes y hacer un reportaje  para El Norte de Castilla, el periódico de Valladolid, nuestra ciudad. Con mucha emoción, llegamos a la Vega de Urriellu y pudimos compartir alojamiento con algunos de los mejores escaladores del momento, en el entonces pequeño refugio del Naranjo, atestado de escaladores y periodistas. Yo tuve la suerte de ascender por la cara sur, hasta el anfiteatro, junto a un escalador asturiano, echando una mano a una cordada de cámaras de TVE que querían recibir en la cumbre a los vencedores de aquella peculiar e inédita competición. Los cámaras me comentaron que su trabajo más reciente lo habían realizado en Managua, con ocasión del terremoto que había destruido la capital nicaragüense  dos meses atrás, en diciembre del 72.  A la bajada, coincidimos  en la base de la pared con la cordada de Gervasio Lastra y Fernando Martínez, que acababan de abandonar, retirándose por los Tiros de la Torca, un tanto asqueados del circo mediático que se había montado en torno a aquella  escalada. He encontrado un relato que  ilustra bastante bien aquella situación:

Febrero de 1973, un nuevo invierno, frío y húmedo como todos los que se sucedieron durante aquellos años y Vega Urriellu está atestada de candidatos para la Oeste. Los primeros en llegar han sido César Pérez de Tudela, Pedro Antonio Ortega, El Ardilla, y Juan Manuel García, El Torrijas. Al poco de llegar preparan la escalada de forma minuciosa. "No había que dejar ningún cabo suelto -relata Tudela-, había que asegurar todos los imprevistos, incluyendo la salida. Teníamos que evitar quedarnos atrapados, para evitar aquello de rescatar al rescatador". Mientras Tudela sube por la sur equipando el tramo final de la arista noroeste con cuerdas fijas, El Ardilla equipa los dos primeros largos. De inmediato llega hasta el Naranjo el empecinado Gervasio Lastra, quien reside en Potes, junto con el madrileño Fernando Martínez. Esta rivalidad alerta tanto a escaladores como a periodistas. Se iniciaría entonces una escalada como nunca antes la hubo en España. Calificada como primer gran espectáculo del alpinismo y como una verbena, la realidad es que las retransmisiones que se hicieron en directo desde la pared supusieron que la auténtica dimensión del alpinismo trascendiera a la opinión pública. Decenas de periodistas subieron a Vega Urriellu. Se contrataron helicópteros y avionetas. A lo largo de veinte jornadas, la televisión pública -la única que había entonces- informó de la escalada en todos los telediarios, los principales rotativos y periódicos dieron cumplida cuenta a diario de los sucesos del Naranjo. Tanto fue así, que las retransmisiones desde Picos despertaban mayor expectación que los partidos de fútbol”.

Así de pequeño era entonces el refugio del Naranjo
Han pasado la friolera de treinta y ocho años desde entonces y el caso es que al llegar este verano al camping de Arenas, el del Ardilla, y al entrar en la recepción veo unas fotos colgadas en la pared que, de golpe, me llevan a aquella época, acercándome los recuerdos de aquella excepcional aventura… ¡y en una de ellas descubro con emoción que estamos mi amigo Luis F. Bartolomé y yo! Con Luis yo había estado escalando por aquí el año anterior, en  1972, junto con otros escaladores amigos de Valencia y Valladolid. Estas son las fotos recuperadas del olvido:
Llegando a Urriellu en el verano de 1972

Allí estábamos nosotros, en febrero de 1973

El grupo de escaladores que lideraba César Pérez de Tudela

De izquierda a derecha: el Ardilla, J.A.Lucas ,el Murciano y Pérez de Tudela,
después de su victoria sobre la Oeste invernal del Naranjo de Bulnes.

Desde Arenas de Cabrales, tras recorrer el Camín Encantau y tras la emoción de aquel feliz descubrimiento, regresamos a casa pasando por Santander, donde nos dimos un baño y donde hicimos esta foto de un grupo escultórico que nos encanta:

Grupo escultórico de "Los Raqueros" (niños de condición humilde)